Llévate
tu desordenada ausencia,
que entre sueño y vigilia
tiñe mis cielos
y marca mi tierra vacía.
llévatela,
(con tu negro alarido)
a lo profundo.
Me reclamas consuelo
y aún es tan temprano...
¿Por qué este silencio,
de tristísimo ruego?
Suspendido en el aire
te extiendo mi mano:
¡Por favor, Dios!
Llévame arrastrado,
a florecer
como a morir.
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