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Cuento Hijo de puta & compañía publicado en Revista Mayéutica

Me acuerdo y digo: “qué hijo de puta”... o “qué borrachos de mierda”.

Hasta me pareció planeado. Pero no sé. Difícil.

Lo que supongo es esto: que estaban todos —el hijo de puta y compañía— tomando en algún barcito o en alguna casa. Todos amigos, conocidos.

Y quizás después —con ganas de tomar también un poco de aire— se fueron a alguna esquina (por eso la caja de vino vacía).

Digo quizás porque era una noche bastante fría para estar al aire libre.

Pero con estos borrachos, todo puede pasar. Eso es seguro.

Mientras tomaban al resguardo, ya los ánimos, el ambiente y la sangre se habían calentado. Seguro respiraban el aire caldeado.

Surgieron algunos cruces. Algunas malas cartas. Algún dinero que se debía. Algún cobrador impaciente.

Algo de eso.

¿Celos? Puede ser también. Todo puede ser.

Entonces se decide ajustar los términos.

El hijo de puta y un contrincante se desafían: sacar la bronca, marcar la cancha, cobrarse aunque sea unos golpes.

Claramente el hijo de puta pegaba más fuerte —porque era grandote el tipo.

Entonces el otro hace una seña y entra en escena un ayudante, el alcahuete. O quizás otro cobrador, otra bronca, otro que antes cobró golpes y ahora quiere devolverlos. Otro ofendido.

El hijo de puta mira a los costados. Ninguno de los otros salta por él. Todos quietos. Al contrario: lo rodean. Se aseguran de que no escape. 

Uno escupe al piso, y entre todos le propinan golpes. Él responde con puños y patadas. Grita: “Para amigos así, ¿quién quiere enemigos?”

Entre el revoltijo, una de esas patadas va a parar al muslo de otro hijo de puta —uno peor y más borracho —que, para el asombro de los otros borrachos —los que solo tiran piñas, patadas y escupitajos —,desenvaina y le clava un puntazo en la nuca.


Ahí todos se quedan quietos de nuevo. Pero expectantes: mirando la faca que goteaba y la remera que se teñía de rojo poco a poco.

El hijo de puta cae de rodillas, y después de cara al barro. Seguramente lanzando alguna puteada, mirando a sus acompañantes con los ojos torcidos.

Lo miran desplomarse. Y al mirar, se les pasa la borrachera.

Algunos corren....


Este cuento fue publicado en la revista mensual Mayéutica. Descarga gratuita de los últimos números. Podés encontrar poesía, prosa, relatos, ensayos, fotografía y artes varias.


Lee el cuento completo en la revista ↓

 •| MAYÉUTICA 36 |•

Cuento "Realmente vos" - Publicado en Revista Caligrama (UNAM)

Entran en la habitación guiados por la luz del pasillo. Ella espera en la puerta a que él encienda la lámpara de noche.
—Hoy Mirta vino con Sofía, la hija que está estudiando… —dice la mujer, apagando la luz del pasillo—. La chiquita nos preguntó qué habríamos sido si nadie nos decía quién ser. 
—¿Quién? —contesta él.
—Pensalo, dale... ¿Realmente sos vos?
—Pero no entiendo —dice el hombre, con tono de disculpa.
—Pensalo un poco, Norberto —dice ella, cerrando la puerta del dormitorio.
Él se sienta en el borde de la cama, se saca los zapatos, las medias, se rasca la planta del pie. La mira: está sentada al otro lado, dándole la espalda, también quitándose la ropa. Él deja el pantalón y la camisa en una silla, al lado de una pequeña radio. Gira y se mete en la cama.

Doce cartas blancas - Lectura completa en revista Mayéutica

"El buzón crujió como un hueso seco. Siempre se le erizó la piel al verlo, pero al cerrarlo aquel día, sonó a lamento viejo encerrado en la chapa oxidada. Hacía dos años desde la muerte de su papá. Tres años que no pisaba aquella casa. Entró, creyendo que la humedad, el mismo tiempo, su viejo o su hermana, habrían dado algún fin, pero ahí estaban. Esperándolo en la oscuridad: doce sobres blancos, impecables, ajenos a su cobija de facturas vencidas y volantes de pizzerías viejas. 
Tiró lo que sacó del buzón sin mirar a dónde, despejó el papelerío y tomó uno de los sobres. Tenía escrito su nombre con lápiz.
Esa letra. La reconocería aún ciego de solo palparla. Inscripción que aún le partía el alma, que le hacía cerrar los puños hasta marcarle la palma. Grafía casi ininteligible para todo mundo menos para él. "