Huí de los vastos
imaginarios, desvelos
—principios, caminos, destinos, consuelos —
que el simple estrellado cielo
efervescía en mí.
Yací a la intemperie,
locuaz como el perro griego
que sólo desea la luz solar,
robando al poder un poco de paz.
¿Puedes ocaso beber de la mar tranquila en mí?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario